Aprende a Diseñar Macizos


Puesto que un macizo es una isla, puede tener cualquier tamaño, siempre que respete dos puntos importantes: debe ser lo bastante grande para ser visto a una cierta distancia y permitir que intervenga una variedad suficiente de materiales a lo largo de todo el proceso de crecimiento, y no debe ser tan grande que el jardinero no puede llegar al centro para cuidar de las plantas -excepto si cuenta con uno o más senderos para su mantenimiento.
El macizo floral es adecuado para todo tipo de arreglos bidimensionales o "diseños de suelo", aunque a lo largo de la historia, ha existido la tendencia de potenciar unos más que otros en función de las tendencias arquitectónicas y estéticas predominantes en cada época. Dos claros ejemplos del cambio en las modas de jardinería son los dos tratamientos que se dieron a los macizos en el Renacimiento y en Inglaterra del s. XVIII.
El macizo del Renacimiento era un espacio donde se dejaban crecer las hierbas con la simple finalidad de usarlas para medicina o gastronomía, y en general se hallaba entre las paredes de los monasterios medievales. En respuesta a la creciente prosperidad y las órdenes civiles, los terratenientes ricos abrazaron el diseño de jardines como una forma más de mostrar su posición social y fortuna; lo que fueran sus humildes macizos de hierbas evolucionaron hasta convertirse en elaborados diseños florales. Al igual que la casa formal que decoraban, el jardín renacentista era un ejercicio de simetría y geometría, un laberinto de macizos rectangulares y líneas o caminos que interseccionaban con éstos pregonando la capacidad del hombre para imponer el orden en el mundo exterior.
Los principios renacentistas en materia de jardinería se pueden adaptar fácilmente a pequeña escala en el entorno de hoy en día. Tanto los macizos formales que acompañan setos perfectamente recortados y plantas de hoja perenne, como aquellos que combinan plantas y hierbas variadas limitadas por boj, contienen el control y la precisión característicos de aquellos primeros jardines.
En cambio, los jardines ingleses del s. XVIII reflejaban el gusto más naturalista y las ideas propias de la época. Aunque los macizos se cultivaban con esmero, era fácil que se contornearan siguiendo los meandros de un arroyo, o que anidaran en el regazo de rocosos montículos. Los grupos de plantas del macizo se diseñaban para que parecieran totalmente naturales. Los jardineros de aquella época potenciaban una cierta irregularidad agradable y fantasiosa, basándose en la teoría de que la naturaleza odia las líneas rectas.
Los jardineros de las casas de campo actuales conservan ese mismo espíritu, tan propio de los macizos del siglo XVIII. La sensación de que fluyen libre mente, sus formas descuidadas y las combinaciones de plantas poco estructuradas, reflejan una aproximación a la jardinería más relajada y alegre. Actualmente tanto los macizos formales como los informales son muy populares, aunque ningún estilo debe seguirse de forma inflexible, ni tu propiedad debe limitarse a un solo estilo. Sólo unos pocos elementos siguen siendo "norma" para el diseño de macizos.

Reglas básicas para diseño de macizos

Sea cual sea su estilo, un macizo debe diseñado para ser contemplado desde distintos ángulos. Ello significa que las plantas más altas deberán plantarse en el centro, para ir bajando en tamaño hasta llegar a sus límites, con el fin de que, una vez crecidas, ninguna planta oculte la visión de otra. Ello también implica que el macizo debería resultar atractivo desde distintos puntos de vista. Por ejemplo: en un espacio amplio querrás que tu macizo resulte atractivo visto desde la cocina, o la ventana del salón, o desde la terraza, como ocurre por encima de la ventana del vecino.
Y puesto que un macizo está diseñado para llamar la atención y ser admirado, parece lógico alinearlo con algo que resulte agradable a la vista, como un estanque, una vista lejana, o un tipo de árbol muy especial.
Por la misma razón no debería cultivarse junto a ningún artefacto o característica del paisaje que no resulte agradable, puesto que el macizo atraerá la atención sobre aquella zona. Sin embargo, se puede utilizar un macizo como diversión, para desviar la atención de las visitas de algo desagradable. Por ejemplo, un macizo exageradamente colorido en el centro del jardín distraerá la atención de los visitantes de una desagradable reja de seguridad, de la zona para los perros en la parte posterior de la casa o en el parque de juegos para los niños.
Los macizos también se pueden usar para disimular características poco atractivas, como una fuente aislada o cajas para útiles. Cuando se diseña un macizo de este tipo, es recomendable utilizar plantas duraderas, puesto que se encuentran en zonas de uso y deberán resistir mucho tráfico peatonal.

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