Conoce la Adelfa, una planta algo toxica

Tras el nombre científico de 'Nerium Oleander' se esconde una planta de la familia de las apocinaceae, de origen plenamente mediterráneo. La adelfa es un arbusto cuyo nombre deriva de una deidad marina llamada Nereus, famoso en mitología por sus hijas, las Neréidas. Por su parte, el término 'oleander' se relaciona con la semejanza de las hojas del árbol del olivo y a su correspondiente nombre latino. Llama la atención su denominación vasca 'Eriotz-orri', que significa hoja de muerte, seguramente por su toxicidad.



Descripción

Se trata de un arbusto perennifolio que llega a alcanzar los 4 metros de altura. La corteza es de un tono entre el gris y el marrón claro; igualmente reseñable es lo lisa y recta que es. Su crecimiento es bastante rápido y presenta unas hojas con un visible nervio central que se ramifica de forma múltiple. El color de la hoja es de un verde muy intenso. Las flores de la adelfa poseen una fragancia penetrante y destacan por su voluptuosidad y por sus colores llamativos: blancas, amarillas, anaranjadas, rojas y rosas.

Cultivo

Podemos encontrarla poblando las orillas de caudales de agua, en terrenos costeros, en jardines y adornando las calles y avenidas importantes. La época de floración de la adelfa es el verano pero si el tiempo se mantiene en las condiciones adecuadas, bajo un clima suave y heladas poco agresivas, podemos disfrutar de las flores de ese arbusto todo el año, o al menos, hasta bien entrado el otoño. Además, es muy resistente a las temperaturas secas gracias a su envidiable sistema de raíces profundas, siempre en busca de agua.
En cuanto a los abonos que precisa, podemos echar mano del matillo en las temporadas más frías con objeto de que permanezca nutrida y protegida. Si se cultiva en maceta, será preciso un fertilizante que aplicaremos siguiendo el prospecto del distribuidor. Los frutos de la adelfa tienen forma alargada y están protegidos por la piel dura de una vaina que alberga las semillas de la planta. Para su reproducción, las mismas semillas resulta idóneas, pero también puede multiplicarse por medio de estanquillas. Se la considera ventajosa por su capacidad de brotar de tocón y de raíz.
Valiéndonos de un esqueje de entre 12 y 15 cm. de largo, podremos conseguir su multiplicación, realizando esta operación durante el verano. Los cortes del mismo deben realizarse oblicuos y serán mejores los resultados si el inferior se realiza bajo un nudo. Procederemos a mojar un trozo de unos 3 cm. en agua y en una cantidad correcta de hormonas enraizantes. Al plantar el esqueje, elegiremos un tiesto no muy grande y sustrato universal que se apretará bien junto a la arena, que se conservará húmeda. La planta debería contar con una temperatura media de 20º C e iluminada de forma indirecta.


Riego

Ya que los terrenos que admite la adelfa pueden ser bastante áridos, las necesidades de humedad no serán demasiado exigentes. Los ambientes próximos a la costa le son propicios pero los suelos con concentración salina no son tan aceptados. Si decidimos probar a cultivar una adelfa lo tendremos fácil puesto que no exige muchos requerimientos al margen de los típicos.
Le gusta mucho el sol y aborrece los excesos de agua, así pues el terreno propicio tenderá más a la sequedad que al encharcamiento. El riego será por tanto tarea exclusiva en la época estival, pero en periodos de tres a cuatro días, negando el mismo cuando llueva, puesto que el agua de lluvia resulta suficiente. Si tenemos a nuestra adelfa, en vez de en suelo, en maceta, el riego sí que es conveniente a diario.
Suele ser fuerte ante el ataque de enfermedades pero estaremos atentos ante la aparición de pulgones en primaveras poco lluviosas. Por otro lado, las cochinillas pueden ser también origen de algún problema con el crecimiento sano de la adelfa. Lo mejor es actuar cuanto antes con algún insectida que erradique la infección de la planta de forma eficaz y sin alterar demasiado su aspecto.

Usos y curiosidades

Ante un arbusto de probada resistencia como es la adelfa, no es de extrañar que se encuentre entre nosotros desde muy antiguo. Tanto es así, que muchas pruebas apuntan a su existencia en periodos remotos como el mioceno o el oligoceno. En tiempos antiguos, mascar hojas de adelfa mezcladas con miel era considerado un método infalible para combatir la sarna. De la madera se obtenía carbón para pólvora. Varios son los relatos bélicos que admiten la falta de predisposición de las tropas por un envenenamiento por medio de la adelfa.
La mayor parte de la adelfa cultivada de forma profesional tiene como fin el adorno floral y el ornamento decorativo. De sus flores y hojas se han extraído importantes elementos que, aplicados en la medicina natural, pueden emplearse en el tratamiento de ciertas dolencias del sistema digestivo, pero siempre bajo supervisión de un especialista, puesto que la sobredosis puede resultar fatal. Su jugo amargo puede ser aplicado con fines cardiotónicos. Es esencial que la planta no se deje al alcance de los más pequeños de la caso para evitar casos de intoxicación.

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