Cultivando el Ciruelo

Uno de los árboles frutales más frecuentes en los huertos mediterráneos es el ciruelo. Sus frutos deliciosos y su inigualable belleza le otorgan un doble uso: como productor de fruta y como árbol ornamental. Se trata, por tanto, de una especie muy versátil, que, además, es muy fácil de cultivar y ofrece buenas cosechas sin necesidad de muchos cuidados.



Morfología

De la familia de las rosaceae, el ciruelo procede de las zonas occidentales de Asia. Existen muchas variedades que ofrecen ejemplares que no pasan de ser arbustos, y otros que superan los cinco metros de altura. Estos árboles son de hoja caduca, de ramas abiertas y de copa esférica.
El ciruelo ofrece estampas únicas en el paisaje de los jardines. En otoño las hojas, medianas y aserradas, se tornan de colores cobrizos y rojos, mientras que en marzo, cuando despierta la primavera, las pequeñas flores, que salen antes que las hojas, llenan los huertos de profusos tonos blancos y rosados.
Su corteza es de color oscuro y lisa. El fruto llega en verano, con dos variedades, generalmente amarillas y rojas. Las ciruelas son conocidas por su alto contenido en vitaminas, minerales y fibra, lo que las convierte en excelentes reguladores del tránsito intestinal. Estas frutas se pueden degustar frescas o secas, aunque también se utilizan para elaborar mermeladas y jarabes medicinales.

Cultivo

La mejor forma de plantar un ciruelo es comprar en el vivero un ejemplar en cepellón o bien utilizando semillas, aunque con éstas el proceso se ralentiza. Para obtener variedades se recurre frecuentemente al injerto. Al final del otoño encontraremos las mejores condiciones para cultivarlo.
El hecho de que permita podas, le hace un árbol idóneo para utilizarlo como seto. En jardinería ornamental se utilizan variedades como la pisardii o la nigra, siempre como arbusto o como pequeños árboles. No requiere importantes cuidados y resiste a las inclemencias meteorológicas. Es conveniente un riego moderado, pero constante, que impida que el suelo pierda humedad.

Suelos y abonado

No es especialmente exigente con los suelos, de hecho, se desarrolla en suelos calizos y pobres, siempre y cuando no le falte riego. Aunque si queremos que nuestro árbol ofrezca buenos frutos deberemos añadir ciertos complementos nutritivos.
Para empezar, el ciruelo puede mostrarse sensible a los excesos de la salinidad del agua. Los abonos de índice salino bajo y libres de cloro permiten acabar con este problema, que puede reducir las cosechas en un 50%.
Cuando las hojas se vuelven amarillas y se obtienen pocas ciruelas, es probable que nuestro ejemplar padezca una falta de nitrógeno; pero a veces sucede que el nitrógeno sea demasiado elevado frente a otro nutriente fundamental, el fósforo, lo que provoca también un desarrollo pobre de la vegetación y de la fruta. Para evitarlo, utilizaremos abonos inhibidores de la nitrificación.
La calidad de la ciruela y la resistencia del árbol dependen de un aporte adecuado de potasio, mientras que el magnesio le permite al árbol obtener hojas y ramas vistosas y sanas.

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