Las praderas como método de diseñar un jardín

Aunque nos pudiera parecer igual, no es lo mismo un césped que una pradera. El césped es una mezcla de gramíneas de diferentes familias compuesta por una variedad de dos a cinco tipos de ellas. Mientras que la pradera es una mezcla de hierbas florales con una o a lo sumo, dos.


Si nos fijamos en la naturaleza, y observamos las praderas que de manera espontánea nacen en cada zona y región de la Península Ibérica, veremos que no existe una pradera sin hierbas florales en ninguna zona climática que escojamos dentro de nuestra variada climatología.

Césped en el jardín: un error

Desde hace ya muchos años, en los jardines de viviendas unifamiliares, tanto adosadas como independientes, así como públicos, caemos en el error de no elegir praderas sino céspedes. Pero es lógico, dado que las referencias a seguir para formar un prado verde, sólo las tenemos en los campos deportivos de fútbol y en zonas verdes públicas, a las que no se califican como jardines.

Así, la mayoría quieren que su jardín tenga un tapiz de una corta selección de gramíneas, cuanto más parecido al que luce un estadio de fútbol, mejor. Sin caer en la cuenta de que esa mezcla, especialmente creada para un campo deportivo, no se encuentra por ningún lado en la naturaleza, que los cuidados de mantenimiento que se dan en un campo deportivo son innumerables, así como sus riegos y siegas.

Aspecto más salvaje

Lo más acertado es recurrir a las praderas, ya que naturalizan nuestro jardín, y le confieren un carácter mas silvestre y elegante. Dejando aparte lo estético, la pradera es más sencilla de cuidar, y lo que es más importante de todo, exige mucha menos cantidad de agua, elemento tan valioso en nuestros días.

Se habla mucho de sostenibilidad, de xerojardinería, de plantas autóctonas, etc. Pero, a la hora de la verdad, ¿quién nos proyecta y ejecuta un xerojardín?¿Dónde adquirimos esas plantas autóctonas, cuando no sabemos ni cuáles son y ningún vivero las comercializa? Nos encontramos en un círculo vicioso: los viveros culpan al cliente de no demandar planta autóctona, pero el cliente no solicita lo que no conoce y así sucesivamente.
 

Flores a todo color

Centrándonos en la pradera, que es el tema que nos ocupa, ésta vive las cuatro estaciones del año, algo que no hace el césped; nos lo encontramos igual, visualmente, tanto en verano como en invierno. La pradera, por el contrario, en primavera experimenta una explosión de color y flores, en verano es una variada mezcla de verdes que en otoño reverdean más aún, y en invierno se duermen bajo un color más pardo.

Este color pardo, resulta siempre muy bello, puesto que lo natural es que una pradera, como todos los vegetales, tenga su ciclo de vida. ¿Se imaginan un invierno a la misma temperatura que un verano? Pues bien, lo mismo ocurre en este aspecto.

Completa todo el ciclo anual

Una pradera que no cambia su aspecto en ninguna estación es lo más parecido a una planta artificial. Lo mas bello de los seres vivos es su capacidad decrecimiento, cambio y reproducción. Si congelamos los ciclos naturales, por ejemplo en un campo de fútbol o de golf, que debe mantenerse verde porque el juego así lo requiere, lo aceptamos, pero teniendo en cuenta que perdemos gran parte de la belleza de un prado: su naturalidad.

La pradera consume diez veces menos de agua que un césped. Mientras que éste necesita 30 minutos de riego, distribuidos en dos veces al día; la pradera sólo necesita de 3 a 5 minutos una vez al día. La diferencia de consumo es tan grande como la estética, ya que las flores silvestres necesitan muy poco consumo de agua, menor frecuencia de corte, atraen las mariposas y facilitan la polinización de otras especies vegetales. Al sembrar una pradera estás ayudando a preservar ciertas especies que están siendo casi erradicadas de su hábitat natural por causa del desarrollo urbano.


Plantación en otoño

La mejor época para sembrar una pradera es de septiembre a noviembre, siendo elmes óptimo octubre. Secundariamente se puede hacer en primavera, pero sólo en los meses de marzo y abril, aunque, si es posible, lo realizaremos siempre en otoño.

La pradera constituye una manera ideal de contar en nuestro jardín con un manto verde, que, al contrario que el césped, está vivo y en constante evolución, siguiendo los ritmos naturales de los cambios de estaciones.

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