El pepino, una hortaliza con muchas vitaminas


Pariente del zapallo, el melón y la sandía, el pepino (Cucumis sativus) es una hortaliza originaria del sur de Asia y se cultiva en la India desde hace más de 3000 años. Viajeros lo llevaron a China y más tarde llegó a Europa. En Grecia lo llamaron Sikuos, y las condiciones de suelo y clima mediterráneos fueron ideales para su cultivo. Los romanos también lo consumían y, según cita Plinio el Viejo, el pepino nunca faltaba en las comidas del emperador Tiberio. En el siglo IX, aparecen registros de su cultivo en Francia. América conoció esta hortaliza luego de que sus semillas fueron traídas por Cristóbal Colón en uno de sus viajes.

Es una planta anual, de tallos trepadores y con zarcillos que le posibilitan aferrarse a otras plantas o a estructuras rígidas. Las hojas son palmadas y sus raíces son superficiales. Los pepinos poseen flores masculinas y femeninas separadas. Es sencillo distinguirlas: primero aparecen los grupos de las masculinas y luego las femeninas en solitario, con el ovario voluminoso y alargado. Ambos tipos son de color amarillo.

La siembra puede ser directa o en almácigo para adelantar la cosecha. Si optamos por la siembra directa, en primavera avanzada preparamos el suelo, horquillándolo e incorporándole compost maduro. Los pepinos requieren mucha materia orgánica. Se hacen hoyos cada 0,5 m y se siembran 3 ó 4 semillas a 2 cm de profundidad. Germinarán a los 7 días, raleamos dejando 1 ó 2 plantas por hoyo. Armamos el entutorado y a medida que las plantas se vayan desarrollando se aferrarán a él por medio de los zarcillos. El pinzado de los brotes es una práctica que estimula la formación de ramas laterales y acelera la maduración de los frutos. El aporcado de tierra y compost en la base de los tallos es otra práctica necesaria para obtener buenas cosechas. En almácigos podemos sembrar en invernáculo desde finales de invierno. Es recomendable hacerlo directamente en macetitas plásticas, no en bandejas. Una vez que no existan peligros de heladas, se trasplantan en la huerta.

Los pepinos se cosechan de forma escalonada cuando alcanzan la longitud y el grosor adecuados para cada variedad. Debemos hacerlo por la mañana y antes de que los frutos empiecen a tomar una coloración clara o verde amarillenta, de esta forma la pulpa será compacta y crocante.

Se asocian bien con chauchas y choclos. Lechugas, apios y rabanitos se desarrollan bien en verano, protegidos por la sombra de los pepinos entutorados.

Simplemente observando lo que provee la naturaleza en cada estación veremos que el pepino es una de las hortalizas perfectas para el verano: hidrata, aporta vitaminas y sales minerales, además de un leve efecto diurético que facilita la eliminación de toxinas. Puede consumirse en ensaladas, gazpachos, bebidas y sopas frías.

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