Como cuidar las coniferas (II Parte)


Los roles de las coníferas en el jardín se puede clasificar en tres grupos:

Aislados:
El aspecto de estas plantas es siempre llamativo y ejerce un poderoso atractivo sobre la mirada. Las de gran tamaño suelen situarse en puntos focales predominantes de jardín, sobre el ue expenden su majestuosa influencia. En términos generales, puede decirse que uno solo de estos ejemplares condiciona con su presencia todo el carácter del jardín en el que se haya plantado, mucho más en el caso, bastante usual, de plantaciones agrupadas de estos árboles, cuyo talante domina y pesa con fuerza sobre el resto de la escena jardinera. Así pues, los grandes ejemplares están indicados para lucir como individuos aislados en áreas predominantes del jardín o para ser plantados en asociación con otros miembros de este grupo botánico.

Las coníferas enanas o de lento crecimiento suelen plantarse asociadas, de modo que sus diferentes cualidades, porte, extura y color, se interrelacionen dando como resultado infinidad de combinados que están siempre dotados de un carácter exclusivo y personal. Las plantaciones hechas con estos vegetales no admiten, por este acento particular, otro tipo de arbustos o leñosas que no sean coníferas, ya que desentonarían de un modo evidente. Una excepción son los brezos, esas pequeñas plantas de flores diminutas, cuya complementación es perfectamente armónica con las variadas formas de cipreses falsos, enebros, pinos, tuyas y otras coníferas de lento crecimiento. El lenguaje común expresado por la conjunción de estos tipos de plantas ha dado lugar a un estilo de jardinería único y original.

Rocallas y macetas:
Las pequeñas coníferas de crecimiento lento admiten ser expuestos en jardines de roca, a ser posible complementados con brezos consiguiendo destacar entre el rugoso aspecto de suelo gracias a sus formas contrapuestas o bien ceñidas a estos paisajes en minitatura. Son muchas las variedades rastreras que completan con su colorido y forma una rocalla contrastando con las plantas utilizadas normalmente en la mismas.

Por otro lado, al crecer de manera tan lenta son ideales para plantar en tiestos y maceteros en los que vivirán con comodidad durante largos años, unos con sus grandes figuran verticales o esféricas y otros con sus portes de desparramados o péndulos.



Setos:
Como plantas para formar cortavientos, pantallas vegetales e incluso setos, muchas coníferas darán un excelente rendimiento, y no solo aquéllas de esbelta figura como cipreses falsos y verdaderos, sino también otras muchas que crecen buscando la verticalidad y soportan las inclemencias climáticas; es el caso de secuoyas, ciertos enebros, cedro japonés y hasta determinados pinos.

Al hablar de setos formales no podemos excluir un clasico que compuso en el pasado aquellos laberintos tan de modo en el Renacimiento: el tejo, una coníferas que se adapta a la perfección a cualquier poda, aunque eso sí, crece con demasida parsimonia. No lo hace así un híbrido que ha revolucionado el concepto moderno de los setos, el ciprés de Leyland o Leilandii, una planta dotada de una extraordinaria velocidad de crecimiento y también muy dócil a la tijera.

Los cipreses son muy utilizados y permiten podas frecuentes. Las Tuyas y entre ellas la Atrovirens se presta ligeramente y resalta por su color verde intenso, su vigor y su adaptación a toda clase de suelos. En general todos los de porte piramidal se prestan a ser utilizados para impedir la vista de zonas no deseadas, teniendo la ventaja frente a algunos árboles el ser las coníferas de hoja perenne.



Plantación 
Para conocer las distancias de plantación, en el caso de las coníferas más que en ningún otro y dada su gran variedad, se deberá conocer con exactitud los tamaños que alcanzan. Así por ejemplo, para un Chamaecyparis Elwoodii basta un radio de unos 3 metros, en cambio un Cedro azul exigirá como mínimo de 10 a 15 metros.

Las coníferas se encuentran en macetas, containers, cepellón, etc., según su tamaño. Una vez libre de la maceta en su caso, o directamente en los otros, colocarle en el hoyo efectuado, cubrir con tierra suelta y apretar la tierra creando una pequeña cubeta que facilite el riego a través del cepellón.

Cuidados
Regar las coníferas recién plantadas a menudo, y copiosamente a partir del mes de marzo, aunque haya llovido, En periodo seco, regar con agua pulverizada el follaje por las tardes.

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