Datos importantes para el cultivo del cerezo


El cerezo tiene una gran capacidad de adaptación a distintas áreas edafoclimáticas de la zona templada. Se trata de una especie muy delicada en cuanto a climatología, aunque tolerante al frío.



Puede cultivarse desde la mínima altura sobre el nivel del mar hasta los 500 m de altitud, aunque su cultivo es más propio de situaciones más bajas, para poder garantizar la cosecha.
Es uno de los frutales más resistentes a las bajas temperaturas invernales.

Las yemas florales durmientes mueren con temperaturas entre -22 y -35ºC. Las flores son dañadas con temperaturas de -2ºC.

Requiere muchas horas-frío para la floración (900-1.800), de forma que florece muy tarde, escapando a las heladas primaverales a las que es sensible. Presenta escasas necesidades de unidades de calor para el desarrollo del fruto, que es muy rápido (100 días desde la floración a la recolección), lo que le permite ser el primero en el mercado.

Es el único fruto de hueso no climatérico, por lo que si se recolecta con antelación, no madura fuera del árbol. Prefiere inviernos largos y fríos y veranos cortos y calurosos pero de noches frescas y primaveras templadas, pues a partir de la floración y del cuajado del fruto un cambio brusco de temperatura puede comprometer la cosecha.

La exposición de las yemas a las altas temperaturas o a la radiación directa del sol durante la inducción floral tiene como resultado la formación de pistilos dobles. Si ambos pistilos de flores afectadas son polinizadas y los óvulos son fertilizados, los ovarios con semillas se funden a lo largo de las suturas ventrales y se hacen dobles. Algunos cultivares son más propensos a la duplicación que otros. El riego por aspersión cuando la temperatura pasa de los 30ºC ha reducido el problema.

Cuando las precipitaciones toman valores próximos a 1.200 mm/año es posible su cultivo sin llevar a cabo riegos, aunque el empleo de distintos patrones modifica los requerimientos hídricos, pudiendo cultivarse tanto en secano como en regadío. También hay que tener en cuenta los factores climáticos que afectan a las abejas para que se lleve a cabo una correcta polinización.

Cuando las precipitaciones son excesivas durante la maduración del fruto puede producirse su agrietado: el agua se mueve a través de las células epidérmicas y entran en el mesocarpo por ósmosis. Las células del mesocarpo aumentan rápidamente de volumen, provocando que la epidermis se estire, una vez que llegan a su límite de elasticidad se raja. El cultivar Lambert es el más resistente al agrietado. Las pulverizaciones de calcio solubles, orgánicas e inorgánicas, tiende a reducir el agrietado. El empleo de máquinas removedoras de aire (como las utilizadas para controlar las heladas) para eliminar el agua de la cavidad pedicelar de las frutas ha ayudado también a solucionar este problema.

Son preferibles los suelos con buen drenaje, ligeramente calizos, exposiciones con buena iluminación y aireación, laderas suaves de montaña y secanos frescos. Entre los factores edafológicos limitantes se encuentra la abundancia de suelos pesados y calizos con pH elevado, que ocasionan problemas de clorosis y asfixia radicular.
Los cerezos francos prefieren suelos ricos y profundos. Si el suelo es arenoso y de escasa profundidad es más apropiado el patrón Santa Lucía y en suelos pesados el guindo.

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