Datos del Limonero II Parte


El limonero es un árbol que necesita mucha luz y bastante humedad. La temperatura idónea se encuentra entre los 17 y los 28º C. No tolera el frío, el viento, la sequedad y las heladas. En zonas donde el invierno sea muy duro, se aconseja cubrirlo; el material con el que lo hagamos, deberá facilitar su transpiración.



Su multiplicación se lleva a cabo por semillas, aunque es muy habitual que se realice mediante injertos y en invierno. Ésta es la época que se aconseja porque es cuando el limonero descansa de la floración. La tierra que más se adecúa a sus necesidades es la semiligera, con pH neutro y rica en materia orgánica. Es fundamental que filtre bien el agua (permeable) así que es recomendable evitar a toda costa los terrenos arcillosos.

Desde su cultivo hasta la recolección
Abonado: necesita mucho abono y tiene que ser rico en macronutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio) y micronutrientes. Comenzaremos a fertilizar en la segunda floración, desde marzo hasta septiembre, aumentando progresivamente la cantidad cada mes. Lo haremos en cada riego con cuidado de no sobrepasar los dos kilos de abono por cada metro cúbico de agua. Esta actividad contribuye a solventar las carencias nutricionales (cinc, magnesio o hierro) que puede experimentar el limonero. La mejor época para compensar déficits, sobre todo el de hierro, es la primavera.

Riego: tiene que ser abundante y deberá coincidir con el abono. Se realizará durante todo el año, procurando que en verano sea a diario y en invierno, al menos unas dos o tres veces por semana. Evitaremos utilizar aguas salinas en épocas de sequías y nos ayudaremos de fertilizantes para mejorar la calidad de la irrigación. Existen cuatro tipos de riego: por inundación (apropiados para los terrenos reducidos), localizado, por aspersión (para zonas frías y parcelas amplias) y enterrado. Éste último disminuye la contaminación y mejora la eficiencia de los fertilizantes. A través del riego podemos controlar las floraciones y obtener una buena cosecha. Para ello, dejaremos de regar durante 45 días y, luego, lo retomaremos en abundancia.

Poda: se realizará cada primavera. No será excesiva, sobre todo durante los primeros años de crecimiento. Llevaremos a cabo tres tipos de poda: de floración, de limpieza y de rejuvenecimiento. Eliminaremos las ramas secas, las enfermas, débiles y las que se cruzan. Despejaremos el centro del árbol para que así nuestro limonero pueda captar la luz también por el interior.

Recolección: la realizaremos con las manos y la ayuda de unos alicates; evitaremos dar tirones. No es recomendable un ambiente húmedo durante la recolección, por lo que si hay niebla o aún conservan el rocío de la mañana, esperaremos a que desaparezcan para comenzar a trabajar. Los limones amarillos están más maduros que los verdes, así que los consumiremos primero; los segundos duran más tras la cosecha.

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